EL MENTIROSO


No se lo creerá, pero hace unos años me consideraban el gran futuro de las matemáticas. Iba a resolver los más intrincados problemas que esperaban solución durante décadas. Eso no se dudaba, la única discusión era si las soluciones las daría antes o después de cumplir los veinticinco años. Desde bien pequeño en todos los test de inteligencia que me realizaban obtenía puntuaciones jamás alcanzadas.
Mi trabajo avanzaría la orilla del conocimiento científico achicando el mar de nuestra ignorancia.
Y vino ese estúpido concurso que anunciaban en todas las radios y vallas de publicidad. El premio: una entrada de cine para el estreno de la última película de la factoría Marvel. ¡Qué tontería!, podría haberme comprado el cine entero (se me olvidó decirle, poco importa ahora, que además yo era inmensamente rico) pero el reto se anunciaba como irresoluble y eso era suficiente para mi, irresistible como el reconocimiento para los artistas.
Las primeras pruebas ya las he olvidado. Luego recuerdo una traducción de un texto clásico. ¡Por favor!, no me hizo falta el diccionario de latín. Por pura costumbre, que no por necesidad, lo consulté con Josep, el mayor experto, que coincidió en mi traducción del texto, una decena de himnos del Rig-Veda.
La última fue la más difícil, no por el antifaz que supe adivinar al instante, sino porque obligaba a participar en el baile de carnaval veneciano y he de reconocer que mi sentido del ritmo no va parejo al resto de mis habilidades.
Pero superé todas las pruebas. Tenía la palabra clave y con ella me dirigí a la dirección que anunciaban para recoger los premios.
Y va y el tipo aquel me dice que todo era una broma, que me habían estado grabando y que cuando comenzaron no se creían que nadie fuera capaz de hacer todo eso por una mísera entrada; que estaban muy orgullosos de mi y esto y lo otro y lo de más allá.
Estaba indignado. Un mentiroso me haría quedar como el hombre más tonto del planeta.
Comprenderá, señor juez, que tuve que hacer lo que hice; quizás se me fue un poco la mano, lo reconozco, pero si quiere que le diga la verdad tampoco me arrepiento.
No está bien engañar a la gente, no señor.



3 comentarios:

Evaristo Romaguera dijo...

Enhorabuena por el relato y por el nuevo aspecto, tan negro, del blog.
Las redes sociales se han llevado la mayoría de los comentarios de los blogs y hoy me apetecía recuperar este espacio mas allá de los 140 caracteres o del "Me gusta"

Ayla Laya dijo...

Jajaja, me ha encantado. El final sorprendente. Saludos.

Carlos López Piñol dijo...

Muchísimas gracias Evaristo Y Ayla Laya por pasaros por Aquí y sobre todo por comentar que sé que supone siempre un esfuerzo. Sobre el diseño necesito de vez en cuando hacer cambios aunque me domina el blogger y nunca quedan del todo como quiero, algún día lo lograré...

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