I WANNA BE


Se giró al escuchar el grito y en ese momento todo se detuvo: su corazón, las campanadas de la vieja iglesia, los libros que caían de la estantería parecían flotar incluso el grito quedó congelado en el aire.
Como si se tratara de una coreografía ralentizada se sintió actuando de manera precisa con la memoria de los movimientos hace tiempo aprendidos y muchas veces repetidos. Antes de que los libros tocaran el suelo el grito se había convertido en un recuerdo.
Era como si formara parte de una película, no le parecía real. Su cuerpo completaba el giro y mientras la mano izquierda intentaba detener la caída de los libros la derecha se encargaba del grito. Hasta tuvo tiempo de recordar al padre Tomás de su escuela “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” Sí, mejor que no lo supiera.
Ya en la calle, con la agradable sensación del viento frío en la frente pudo repasar lo sucedido y la conclusión era inevitable; no había sido un buen trabajo. Ahora fue su padre el que acudió a sus recuerdos “Antes es la obligación que la devoción” Y el recuerdo de su padre le llevó al de su madre “Qué manías tienes con los libros, hasta se te olvidaría comer, acabarás teniendo un disgusto como don Quijote
No volvería a pasar. Con la impunidad de encontrarse solo en la madrugada de un día tan frío repitió en voz alta “Antes la obligación que la devoción” No había ido a esa casa para leer o para ver libros sino a matar a su dueño. Ese era el encargo y ahora que tenía una buena reputación en su oficio no podía derrocharla por sus aficiones, por más que su vista se dirigiera nada más entrar a la estantería con los libros más bellamente encuadernados que nunca había visto.
Suerte que era realmente bueno y el disparo, apenas audible gracias al silenciador, había acertado en el centro de la frente con lo que el señor (prefería no saber nombres) cayó sin ser consciente de lo que le ocurría.
Al cruzar el río abrió la amplia bolsa de deportes que llevaba en su mano y pudo acariciar los lomos de los libros que se había llevado, facsímiles de De humanis corporis fábrica el estudio en varios tomos del gran Vesalio. El placer que le producían en general este tipo de libros se incrementaba al pensar en los años que dedicó al estudio de la medicina. Al ir a cerrar la bolsa su mano encontró la pistola, la acarició notando el metal y sonrió al pensar lo extraño de su vida: amante de libros antiguos, licenciado en medicina y asesino a sueldo. Ahora le vino a la cabeza su mujer: “Qué raro eres Jordi
Cerró la bolsa con cuidado y continuó el paseo mientras un fresco y bello amanecer le daba la bienvenida. Quizás era cierto y fuera un poco raro pensó mientras en su interior sonaban los primeros compases de American idiot. Con una gran sonrisa empezó a cantarla “ Don´t wanna be an american idiot”

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