ENCUENTRO


¡No me lo puedo creer! Eres tú, Lucía.
Cuando vi el nombre en la lista el corazón se me paró, te juro que se detuvo, un instante, pero lo hizo.
Lucía García. Lo volví a leer y venga a darle vueltas: que si el nombre no es tan raro, que si el apellido ni te cuento, que debían haber cientos de Lucías Garcías...
Pero luego al ver tu foto no me lo podía creer. ¿Cuánto tiempo sin vernos? ¿Quince, veinte años?
Y no has cambiado de verdad, te hubiera reconocido en cualquier lugar. Me da rabia que nos hayamos tenido que encontrar por trabajo pero bueno, ha sido así.
¿Te acuerdas cómo nos conocimos? Fue en segundo de primaria. Eras nueva en el cole. No íbamos a tomar la comunión así que nos sentábamos juntas mientras todos salían a clase de religión.
María José era nuestra profesora y no nos caímos nada bien. Fue en quinto cuando Rafa nos castigó aquel fin de semana. ¿Te lo puedes creer? No recuerdo el motivo, solo que aquellas tardes haciendo el trabajo nos hicimos inseparables.
Hasta en las vacaciones seguíamos juntas. Mi familia siempre veraneaba en julio, la tuya siempre en agosto. Vaya suerte. En julio te venías con nosotros a Báguena a casa de mis abuelos y en agosto las dos al apartamento que tenían tus padres en la playa de Alicante.
Joder, que recuerdos. Cuando empezamos a salir por las noches nos hacíamos pasar por hermanas y si se acercaba un chico a cualquiera de nosotras debía recibir la aprobación de la otra. No teníamos ni que hablar, una mirada bastaba aunque solo fuera para confirmar, sabíamos perfectamente el veredicto; nos conocíamos demasiado.
Cuántas promesas, cuántos sueños. Con nosotras acabarían las injusticias y el hambre en el mundo.
Luego te fuiste a estudiar fuera, querías las mejores universidades. Mantenías nuestros sueños. Pero allí no te podía seguir, ya sabes que a mi los estudios no se me daban muy bien. Me costaba y ahí empezaron a separarse nuestros mundos.
Me inicié en el trabajo y me fui haciendo un nombre.
De vernos todos los días pasamos a quedar algún sábado y en exámenes ni eso. Luego en las fiestas, más tarde una llamada en los cumpleaños y quizás en navidad, por último el silencio.
Pero bueno me estoy enrollando y el trabajo es un tema serio y ya te he dicho que soy muy buena en lo mío.
No es nada personal Lucía solo negocios. Joder que deja vu con El padrino, ¿recuerdas?, Marlon Brando como Vito, el Don.
La de veces que la vimos juntas y cómo te reías cuando yo imitaba ese peculiar acento. Lo haré una última vez para ti: “ somos personas razonables y no debes preocuparte, a tu familia no le faltará de nada. No es nada personal, solo negocios”
Adiós Lucía, te prometo que no te dolerá. Lo creas o no, siempre te querré.

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