NERVIOS


Cincuenta y cinco años ya cumplidos y seguía poniéndose nervioso. Ahora mismo tenía la boca reseca y a veces incluso le llegaba a doler la garganta. Eso le hacía beber agua y no podía distinguir si tenía que ir tanto al baño por el agua o por los nervios. Daba igual, era parte de su ritual. Al menos dos visitas al baño justo antes de empezar.
Intentó concentrarse como le habían enseñado: respirar hondo por la nariz, expulsar el aire despacio por la boca y tratar de racionalizarlo.
Vale, se dijo, no es mi trabajo habitual pero lo he hecho decenas de veces y siempre bien, sin contratiempos. ¿Por qué ahora iba a ser distinto?
Sabía que le temblarían las piernas y la voz pero solo por unos segundos. Luego se dejaría ir y todo saldría a la perfección.
Cerró los ojos unos instantes mientras se dirigía al salón de conferencias de la facultad. Él no tenía que intervenir hasta la segunda parte así que buscó un asiento cerca de la puerta por si debía ir de nuevo al baño.
Los ponentes fueron exponiendo sus conclusiones y su momento de intervenir se acercaba. Aprovechó el final de la exposición de Luis Gómez para ir de nuevo al baño. Allí estaba cuando el mismo Luis entró y le sonrió iniciando el saludo con un leve movimiento de su cabeza.
Antes de completar el movimiento la cabeza de Luis volvió bruscamente hacia atrás. A esa distancia el disparo fue certero.
Ya en la calle, mientras oía gritos a su espalda se sentía bien.
¿Ves? En cuando aprietas el gatillo se te pasan los nervios se dijo. Ahora tenía que darse prisa, a las cuatro empezaba su turno y no quería llegar tarde. Le gustaba hacer bien su trabajo, bueno, sus trabajos.

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