DE VIAJES Y TRENES


Subo al tren con la somnolencia rutinaria de los viernes. Un expreso nocturno me dejará en la capital con las primeras luces del fin de semana. Disfruto de un compartimento para mí solo por lo que podré dormir toda la noche.
El calor acumulado no abandona el vagón.
El traqueteo y los silbidos anuncian el comienzo del viaje. Asomado a la ventana me doy cuenta que se abre la puerta del compartimento que da al pasillo. Me giro y allí está ella. Sonríe mientras me pregunta si hay sitio. Asiento con la cabeza. Su sonrisa rivaliza con el cuerpo exuberante que descubro gracias a la luz del pasillo.
Ayudarle a colocar las maletas acaba de despejarme. En un espacio tan estrecho es imposible que nuestros cuerpos no se rocen y tampoco quiero evitarlo.
Su sonrisa permanente es una invitación. El pelo rubio y rizado se recoge en una coleta de la que escapan un par de guirnaldas por cada lado apuntando a unos pequeños hoyuelos en sus mejillas.
El cuello largo y libre da paso a unos hombros cubiertos por una tenue blusa y de una redondez turbadora.
Me avisa de su cansancio y decidimos apagar las luces para descansar.
Las luces del pasillo junto a las de emergencia del compartimento permiten admirarla ahora con un fuerte contraste de blancos y negros.
Su bronceada piel resalta el color de su ropa. Me pregunta por los libros que llevo y hablamos de lecturas y viajes. Ella recostada rendida al calor mientras yo ni parpadeo. Un par de botones de su blusa se abren, unos pechos apenas contenidos en un sujetador blanco oscilan al ritmo acompasado de su respiración. En su ombligo adivino un piercing. Las caderas remiten al espectáculo de las curvas. Su ropa interior resplandece en la oscuridad de la noche como esas ventanas que iluminan nuestro compartimento.
Andamos por el pasillo y al volver se tumba a mi lado recostando su cabeza en mi regazo.
Mis ojos no pueden separarse de los suyos pero mi mente se pierde en la suavidad percibida de su piel.
Al despertar, ella seguía allí. . .

4 comentarios:

Carlos baiget zarco dijo...

¡Que bien! ¿no?

Carlos López Piñol dijo...

Gracias por pasarte Carlos. Estamos con la literatura erótica y me cuesta ( como toda escritura)

Carlos baiget zarco dijo...

Debe ser particularmente dificil, Asimov pienso que solo hizo una para desquitarse.Quiero recordar que se trataba de "Estoy en puerto-marte sin Gilda".
Suerte con el ensayo
Un abrazo.
carlos

Anónimo dijo...

qué alegría leerte de nuevo... el final muy tuyo...besos

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