EN EL AVIÓN. OJALÁ (III)


Mientras el avión rueda por la pista cogiendo velocidad voy abriendo la pequeña carpeta que contiene los papeles de la vida que quiero recuperar.
El primero aún me duele. Es una cuartilla -¿seguirán haciéndose?- con la tonalidad característica de los escritos duplicados con hojas de calco y el evidente paso del tiempo. Pero la hoja está lisa, la guardé como copia nada más escribirla y hasta hoy no la había vuelto a mirar. Noto un dolor antiguo, sordo, ya sin lágrimas.Quiso ser una catarsis y acabó siendo una ruptura que jamás deseé.
Juan, nunca podré perdonarte. Eras mi hermano mayor, mi caballero, mi guardián, mi confidente, el soporte que jamás falló, el aliento continuo, la razón de mi permanencia en casa.
Todo se desmoronó con la intensidad de un terremoto que agitara nuestros cimientos. Y con la misma rapidez.
Sabías de los problemas de papá con el alcohol, de su carácter, del constante maltrato al que sometía a mamá aunque nunca le pusiera la mano encima. No le hacía falta para ser cruel.
Sin tu respaldo en comisaría, me tomaron por una niña mimada con ganas de vengar la afrenta de algún capricho insatisfecho.
Cómo olvidar la escena. Todos de pie con el inspector, que además era amigo de mamá, ella y tú sonriendo: y “…perdónela Martín no sé que le puede haber pasado”, y él en un tono odiosamente paternal “… nada, nada María. Olvídese de todo. Aquí no ha pasado nada”.
Humillada, traicionada por ti, por lo más amado.
No volveré a casa, ¿para qué, si ya no puedo quererte?
Berlín 1978
Desaparece la señal de los cinturones y la gente empieza a levantarse y pasear por los pasillos. Fui dura. Fechar la carta debió ser mi único gesto de humanidad. Corté los lazos y treinta y siete años después me encuentro buscando los cabos…
Recogen la cena -o el desayuno, siempre me lío en estos vuelos- y aprovecho para volver a la carpeta: una foto en El Retiro con una estética progre que me hace sonreír y los colores de la cámara Werlisa. Sentados en una ladera Luisa, Gonzalo, Maribel, Salvador, Carlos y Francisco me acompañan. El mismo Francisco con el que alguna noche aún sueño y que no he vuelto a ver desde aquella tarde.
Con la cabeza apoyada en la ventanilla intento imaginar como sería mi vida con él. Fue mi primer amor; con él fueron los primeros besos de pasión, de deseo, distintos de aquellos otros que solo eran pruebas que había que superar. Estoy segura de que si mi salida no se hubiera precipitado nos habríamos acostado. Nos queríamos de verdad, y quién sabe, con nuestra ingenuidad lo fácil sería haberse quedado embarazada. Sonrío de miedo al pensarlo pues abortar era poco menos que jugar a la ruleta rusa y casarse algo parecido. Éramos tan jóvenes; no sabíamos mucho de la vida pero menos del sexo. Nuestra mayor proeza vital había sido inundar el campus con claveles rojos para celebrar la revolución portuguesa y nos parecía, qué inocentes, que ya podíamos con todo. Cuando el ambiente me resultó ya insoportable separarme de él fue lo más difícil.
Vuelvo a mirar la fotografía. Luisa siempre fue la más decidida .Por mis estudiantes me vi inmersa en la redes sociales y de ella recibí una solicitud de amistad. Al aceptar y hablar con ella todo se precipitó como las fichas de dominó. Demasiado tiempo había vivido fuera de mi mundo.
Gonzalo el más divertido de todos nosotros siempre con ganas de fiesta y ahora pasando por un difícil trance. Tiene un cáncer que por mi experiencia sé que no le permitirá vivir más de dos o dos años y medio.
Maribel, a la que conocía desde el colegio pues vivíamos en la misma calle. La amiga que conocía todos mis secretos, mis ilusiones, mis miedos; la única persona con la que mantuve cierta relación durante mi primer año fuera de España.
Salvador, ¿qué puedo decir? La primera de las impresiones al hablar con Luisa y enterarme de que fue uno de los primeros fallecidos por sida en España.Imagino el sufrimiento en aquellos años en que el sida era considerado poco menos que una maldición.
Carlos, el abogado y economista del grupo que nunca perdió la esperanza de que el resto de nosotros entendiera el materialismo histórico.
Y Francisco, con el que compartía además los estudios de medicina y el anhelo de una vida en común.
Doy un paseo por el avión. Me gusta volar pero siempre produce cierto desasosiego saber que estás en medio de un océano a diez mil metros de altitud y muchísimo más lejos de cualquier trozo de tierra firme, ¿me quedará a mí algo firme después de todo esto?.
De nuevo en el asiento retomo la carpeta. Una foto en Berlín en el Check Point Charlie. Qué lejano resulta ahora el muro pero yo no puedo aislarlo de mi vida en Alemania. Allí empecé a labrarme un nombre en el campo de la salud pública, trabajaba en la universidad y asesoraba a diversas organizaciones.
Pero recibí una oferta de Atlanta. Yo solo sabía que allí estaba la coca-cola y que era la capital de Georgia. Escuché a Ray Charles cantando Georgia on my mind y aunque al principio se trataba solo de un curso acabé pasando allí siete años.
Y en el 92, cuando España parecía capaz de todo, a Vancouver con Philippe.Lo había conocido en Atlanta por motivos de trabajo y fue la persona con la que más intimé en todo este tiempo.En algunos momentos tuve de nuevo la ilusión de una vida compartida con la persona amada incluso llegamos a pensar en hijos, pero probablemente ya estaba demasiado acostumbrada a mi soledad. La foto nos muestra felices a los dos en el Pacific Spirit Regional Park cerca de la Universidad de la Columbia Británica en la que trabajábamos.
Han vuelto a darnos de comer y nos vamos acercando al final del viaje.Apenas quedan tres documentos en la carpeta.El primero terriblemente doloroso de nuevo es una carta, esta vez de mi madre y escrita apenas unos días antes de morir. Su última carta. No pude asistir a su entierro pues había ido a pasar unos días al norte de Vancouver, a una cabaña aislada del mundo en lo que sería el último intento de salvar la relación con Philippe. Al llegar encontré a la vez la noticia de su muerte y su carta. La hoja se nota gastada y manoseada incluso con la huella de alguna lágrima. Es muy breve y puedo imaginar a mi madre escribiéndola con sus últimas fuerzas:
Querida hija, siempre te quise y siempre te querré pero no pude permitir que arruinaras la vida de tu padre al que también quise siempre.Hice prometer a tu hermano que me ayudaría a recuperarlo y para eso era necesario que ningún escándalo nos perjudicara. Él no te apoyaría, y créeme, todavía hoy sufre por ello. A cambio tu padre recibiría tratamiento de forma discreta y yo me comprometía a no dejarle pasar ni una afrenta sin informarle de inmediato.Los primeros meses fueron difíciles y a punto estuvieron tu padre y tu hermano de llegar a las manos en más de una ocasión.El tiempo jugó a nuestro favor hasta que tu padre empezó a sufrir una demencia senil que hoy le tiene apartado de toda realidad de lo que doy gracias a Dios.No supo querer y esa fue su desgracia.
Para cuando leas esto es probable que esté muerta pero quiero que sepas que mi amor por ti jamás disminuyó. Sé que tú también me quieres y que por eso no podías soportar mi sufrimiento.Juan hizo lo que hizo forzado por su amor hacia mí y no le dejé alternativa.
Siempre estuvimos muy orgullosos de tus progresos y nunca te olvidamos.
Siempre te querré.
Ahora ya no podía evitar las lágrimas que corrían por mis mejillas y que a duras penas lograba disimular apoyando la cara en la ventanilla.
No necesitaba ver el siguiente papel pues lo conocía de memoria:
Juan, querido Juan ¿cómo ha podido pasar? Siento tanto nuestra separación que no acierto a describirlo. Solo sé que no quiero desperdiciar el resto de mi vida y quiero que tú y tu familia tengais un lugar preferente en ella. Mañana a las dos de la tarde llegaré a Madrid.¡ Te quiero tanto… !
El avión se preparaba para el aterrizaje mientras guardaba de nuevo los papeles en la carpeta. El último de ellos un correo múltiple a todos mis recuperados amigos:
Si estáis dispuestos a perdonar a una amiga ingrata llego a Madrid mañana a las dos. Si no, os iré buscando puerta por puerta para pediros perdón y no descansaré hasta que lo concedáis.




1 comentario:

Anónimo dijo...

bueno, bueno, esto ya es toda una historia...ya nos dirás qué se siente ...me parece tan difícil...vas improvisando... tienes pensado el desenlace...hablamos.

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