AEROPUERTO. OJALÁ (IV)


Gracias a su pequeño equipaje pudo dirigirse directamente hacia el control de pasaportes. Había cruzado su Rubicón, quemado sus naves y, contra toda lógica, lo apostaba todo a una carta.
Los latidos fueron aumentando conforme se acercaba a la salida.
La apertura de las puertas al salir de la salas de los aeropuertos siempre le hacía sonreír. Nunca sabías lo que podías encontrarte: niños, enamorados, conductores con un nombre escrito en un papel ( cuántas veces había leído el suyo). Pero ahora todo era distinto. Regresaba a su país, le seguía sonando raro pero así sería.
Apenas unos pasos; cuando las hojas de las puertas se fueron separando una marea de flores rojas inundó sus ojos. Las lágrimas no disminuyeron la intensidad de su sonrisa.
Había vuelto a casa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No sé si será tu final, pero a mí ya me gusta así... hablamos.

COSAS APARENTEMENTE INTRASCENDENTES Y OTROS CUENTOS, DE PERE CALDERS

S INOPSIS " Pere Calders es un maestro del relato breve. En sus cuentos medita sobre el concepto de realidad, a la manera de Kafk...