OJALÁ


Al salir de la ducha el espejo le devolvió la realidad. Aún no entendía lo que había pasado pero en unas horas volaría a Madrid.
Con sesenta años recién cumplidos el espejo le mostraba una figura delgada, menuda y fibrosa. Sus conocidos la envidiaban pero ella no tenía ninguna responsabilidad . Nunca iba al gimnasio y hasta donde podía recordar siempre había sido de poco comer, eso sí , siempre con una copa, sólo una, de vino. De la universidad a casa con rutinas solo alteradas por estrenos de teatro o cine europeo que luego servían de excusa para una velada de conversaciones en las que sin darse cuenta acaba añorando Madrid.

Sus años de viajes por trabajo hacían que su pequeña maleta siempre estuviera preparada. Quizás gracias a eso, antes de que pudiera arrepentirse tenía el billete reservado. Pasarían menos de veinticuatro horas entre la decisión y la partida, lo justo para dejar todo organizado. Gracias a internet sus alumnos de postgrado seguirían atendidos, y los programas de colaboración internacional estaban en la fase de evaluación que no requerían su presencia física. La empresa que gestionaba sus desplazamientos le envío un billete a su correo en cuestión de minutos.

En su bolso lo habitual, la agenda, el teléfono, un libro el pasaporte con la cartera y sus documentos pero esta vez, la llave de su casa de Madrid, que en cuarenta de años se había negado a dejar fuera, tendría utilidad, lo deseaba con todas sus fuerzas.

Esperando en la sala de embarque le asaltó de nuevo la pregunta ¿Qué pasó esta vez? Decenas de veces había dicho la misma frase “Ojalá hubiera vuelto antes” Pero esta vez el efecto fue devastador, un punto y aparte, un hasta aquí hemos llegado; una descarga de electricidad que no dejaba indiferente.

Había dejado España hace cuarenta años, nada más terminar su licenciatura. El ambiente en casa le resultaba tan opresivo como en el exterior.

Con su padre la relación era imposible y no la mejoraba la actitud sumisa de la madre. Una discusión con su hermano acabó con una mutua ignorancia que le hizo sentirse no ya extraña, sino perseguida en su propia casa.

En la universidad su grupo luchaba por agitar las conciencias y recuerda su ingenuidad cuando, tras el 25 de abril inundaron el campus de claveles rojos. Luisa, Consuelo, Salvador, Maribel, Carlos…y Francisco, su primer amor. La separación más dolorosa cuando el ambiente se le hizo ya irrespirable.

Tras unos años de ausencia, en la distancia escribió una carta a su hermano; quería ser una catarsis, una liberación pero terminó siendo la ruptura que jamás deseó.

Había conseguido cierto renombre en su campo que le permitía escoger donde vivir. Estuvo unos años en Berlín, luego en Atlanta y ahora llevaba veinte años en Vancouver. Había sido feliz con varios hombres pero nunca lo suficiente como para querer tener hijos con ellos. Pensaba si no influiría en su decisión actual, o locura quien sabe, el distanciamiento con Phillip, su pareja actual.

Su madre había muerto y su padre era ajeno a la realidad., pero cuando se enteró, por culpa de las estudiantes que le habían incluido en un grupo de facebook de los problemas de Salvador supo que había vivido demasiado tiempo alejada de su sitio.

Escribió a su hermano y a todos los amigos de facultad que localizó. Había cruzado su Rubicón, quemado sus naves y, con toda su racionalidad en contra, apostado todo a una carta.

El aterrizaje del avión aproximaba el desenlace tras un viaje demasiado largo para quien no quería pensar más.

Los latidos aumentaron cuando se acercaba a la salida. La apertura de las puertas al salir de la salas de los aeropuertos siempre le hacían sonreír. Nunca sabías lo que podías encontrarte: niños, enamorados, conductores con el nombre en un papel ( cuántas veces había leído el suyo). Pero ahora todo era distinto. Regresaba a su país, le seguía sonando raro pero era su decisión.
Apenas unos pasos; cuando las hojas de las puertas se fueron separando una marea de flores rojas inundó sus ojos. Las lágrimas no disminuyeron la intensidad de su sonrisa. Había vuelto a casa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Saturada de exámenes, lo he leído rápidamente ... no sabes cómo admiro tu disciplina. Ya lo comentamos. Un besazo y Felices minivacaciones!!

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