DETALLES


Me sentía el hombre más feliz. Con apenas veinte años acababa de convertirme en el propietario de un escarabajo ( Volkswagen Sedán o mejor Tipo 1 para los puristas).
Dos años compaginando estudios y trabajos ocasionales, esfuerzos y contenciones que ahora mostraban su recompensa. Mientras subía al coche iban desvaneciéndose en mi memoria los escalofríos que me había producido el vendedor, un hombre triste y taciturno que no dejaba de acariciar con su mano derecha un rosario y susurraba jaculatorias cada pocas frases.
Ahora ya nada de eso tenía importancia. Conducía un brillante coche descapotable por las carreteras de la costa que me permitía sentir la caricia de la brisa marina en mi cara. No era propietario de un coche, era el dueño del mundo.
Todos los días lo cuidaba. Controlaba los niveles de líquidos, el estado de las ruedas, mantenía vivos sus brillantes colores y , por supuesto, lo conducía henchido de orgullo. En apenas unas semanas, sólo la matrícula lo delataba como un coche antiguo, de segunda mano.
No sabría precisar en que momento el cielo se fue transformando en infierno. Al principio fueron pequeños detalles, avisos diría ahora, a los que restaba importancia imputándolos a los años del coche. La radio se quedaba bloqueada en una emisora, las puertas se quedaban abiertas, las luces permanecían encendidas...
Todo ello junto a unos ruidillos que a veces perturbaban la melodía de su motor me hicieron visitar con frecuencia el taller de un compañero de estudios. Obvia decir que en presencia de extraños los comportamientos anómalos desaparecían: radio, luces, puerta y motor se engranaban con una perfección insólita en un coche de sus años.
Al notar las singulares miradas que cruzaban los mecánicos, imagino sus comentarios posteriores, comprendí que nunca podría recibir ayuda externa. Tenía un problema con ese coche y sólo yo podía solucionarlo.
Llegados a ese punto se diría que nuestra relación, si así puede calificarse, se estabilizó. A veces encendiendo el intermitente, a veces simplemente con una pequeña desviación del volante me hacía saber donde quería ir. Como nuestros gustos no eran muy diferentes casi recuperamos aquellos idílicos momentos de los principios.
Pero fue un espejismo. Sin darme cuenta había perdido el control de mi vida. Lo supe una tarde en que se empeñó en ir a la carretera de la costa. Yo tenía que estudiar y pese a lo agradable de la ruta no podía estar tanto tiempo fuera de casa. Me acerqué hasta la playa confiando en que se conformara con la simple visión del mar que siempre le relajaba, pero al volver hacia casa el coche se detuvo en mitad de un paso a nivel. No puedo narrar los momentos de angustia que viví al ver como las barreras se iban bajando y el ruido del tren se acercaba. Intenté arrancarlo, bajarme del coche, incluso le suplique llorando desesperado. Sólo en el último instante accedió a salvarme la vida, si se puede llamar vida a lo que me esperaba atrapado en la tiranía de sus caprichos.
Han pasado ya unos años en los que apenas algunos momentos aislados han permitido rememorar aquellos primeros instantes de felicidad. Pero no debo engañarme, ni mi vida ni mi destino me pertenecen. Hemos iniciado el que estoy seguro será el último viaje. Ayer me dejó oír las noticias, los accidentes de coches se habían disparado y la inmensa mayoría eran causados por los conductores pues los coches no mostraban indicio alguno de avería.
Recibí el aviso sobre el castigo que me esperaba si desobedecía pero también recibí la solución. No soy la única persona secuestrada por su coche y algunas, más valerosas que yo, han luchado por su libertad, es probable que fracase pero no me rendiré sin intentarlo.
Escribo estas últimas líneas con esperanza mientras llenan el depósito de gasolina en el área de servicio de la autopista - de vez en cuando le gusta demostrar su velocidad punta-. Entre toda la gente que por aquí pasa no puedo distinguir los libres de los retenidos pero espero que quién lea la carta me crea. Añoro mi familia, mi casa, pasear decidiendo el destino...
Voy a intentar retomar el control pero si no lo consigo, por favor, dígale a mi familia que no fue un accidente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

uf! parece una peli de miedo ...con lo que me gustan a mí los "escarabajos"y un bonito paseo por la costa...
De motu propio o has empezado ya el curso? En cualquier caso BIEN por la vuelta

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