DIVERGENCIA


Me sentía bien. Había nacido para triunfar, siempre tuve la certeza y estaba orgulloso de mis resultados. El retrovisor del Lamborghini me devolvía la imagen de un ganador. La masía, una mujer espectacular y los hijos estudiando en Suiza completaban el cuadro.
No me importaba trabajar veinte horas al día. Yo le sabía dar un buen uso al dinero y utilizar todas sus ventajas.
A las nueve iba a desayunar con Jaime. Lo conocía desde el colegio.Ya entonces le sobraba literalmente el dinero pero no le sacaba partido: viajes, lecturas, talleres de escritura creativa -incluso me enviaba complacido los microrrelatos que escribía- y un Mondeo con más de trescientos mil kilómetros; ni siquiera vestía bien. Siempre que coincidíamos tenía que escuchar el mismo discurso: no trabajes tanto, el dinero no es lo más importante, saborea la vida, disfrútala, no puedes llevar ese ritmo...
Era una pena, todo ese dinero desperdiciado. Por eso decidí matarlo. El plan, que llevaría unas semanas, comenzaba hoy: le diría que me habían hablado de unos libros antiguos y, en el lugar al que la búsqueda de esas rarezas editoriales le llevaría, los asesinatos por encargo tenían un coste razonable.
Ya reproducía en mi mente la entrevista para el canal de televisión Crimen & Investigación. Como albacea suyo sabría mostrarme afligido y desolado. Haría promesas de continuar su legado y sonreiría en mi interior al saber donde continuaría.
Estoy con Jaime en la terraza de su casa saboreando un té que él mismo me ha preparado. Lanzo el anzuelo de unos libros antiguos de los que he oído hablar esta misma mañana en el gimnasio del club y voy soltando hilo.
Qué raro, la vista se me va nublando y oigo cada vez más lejos la voz de Jaime: Te lo había dicho, no es vida la que llevas, cualquier día el corazón te dará un disgusto…
Qué cabrón: ha sido más rápido que yo. Ahora entiendo la despedida de Susana esta mañana, Por favor dile a Jaime que cuente conmigo, que esta tarde nos vemos.
Se me dibuja una sonrisa, Jaime tenía razón; él si que sabía vivir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En tu línea, con un giro al final inesperado ,pensaba que era un infarto... Creo que dudaré bastante antes de aceptarte un té. Besitos y feliz semana.

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