NOSTALGIA


Puedo recordar un tiempo en el que me gustaban los días de lluvia.
Primero nubes blancas, luego grises, cada vez más oscuras. Todas las tonalidades disputándose un espacio en el cielo.
Después el aire que se levantaba de una forma peculiar para empujar todas esas nubes, mezclarlas y enfrentarlas produciendo los truenos y sus relámpagos premonitorios.
Ya podía olerse ese aroma especial a tormenta que indicaba que no había vuelta atrás, que la lluvia era inevitable.
Lo siguiente el ruido de las gotas con su ritmo natural, suave al principio y subiendo en un rápido crescendo.
Cuando dejara de llover, quedaría el reconfortante olor a tierra mojada y la certeza de las buenas acciones: refrescando en verano y templando en invierno, alimentando la tierra y limpiando el ambiente, arrastrando todas las impurezas.
Pero eso era antes, cuando también podía recordar el sol iluminando los paisajes y acariciando mi piel, jugando con las sombras, formando mil figuras, estimulando mi imaginación.
Ahora no puedo recordarlo.
Oigo una canción: “todas las flores florecen después de la tormenta”. 



1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué nostalgia... transmites muy bien todas y cada una de esas sensaciones. Yo las echo en falta... junto a una buena taza caliente de cola- cao.

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