DISTANCIA

Un nuevo "juego". A partir de una serie de palabras  creábamos unas frases y en cada una de ellas elegíamos dos palabras.
Al final nos quedábamos con dos pares de palabras ( binomios fantásticos), en mi caso lunes-ventana y distancia-inteligencia.
Jugamos con ellas, ya en casa, utilizando sólo preposiciones y al final debíamos elegir la que más nos gustara para que hiciera de disparador de nuestro escrito.
En mi caso el disparador surgió casi por sorpresa y se fue asentando en mi cabeza: Con inteligencia cabe distancia y a partir de ahí esto es lo que salió:


Con la clarividencia que da la certeza de haber llegado al final de tus horas me dispongo a realizar un repaso, siquiera somero, a los avatares de la vida que me han llevado a esta situación.

Puedo afirmar, qué importan ya los malentendidos, que mi verdadera existencia comenzó cuando, hace ahora quince años, mi padre moría en mis brazos. Tras una larga conversación cuyo contenido no desvelaré me dirigió sus últimas palabras: “Con inteligencia cabe distancia”. El tono apenas audible por el largo sufrimiento me hizo dudar si se trataba de una pregunta o una afirmación. Sea el lector benévolo con quien sufría en esos momentos la desaparición de su progenitor y, aunque eso lo averigüé mucho después, el comienzo de una nueva vida.

La frase fue el motor de mis nuevas inquietudes dedicándome en cuerpo y alma a desentrañarla. Al principio lo tomé como una afirmación, no sabía entonces lo equivocado que estaba, y me sumergí en la búsqueda del conocimiento que me acercara lo más posible a la inteligencia pura que me pareció hallar, más que en cualquier otro lugar, en la rotundidad de las matemáticas.

Gracias a una noche de insomnio que asocio a las complicaciones inherentes al Teorema de Fermat pude caer en la cuenta, con esa otra clarividencia que concede el cansancio cercano a la extenuación, de lo erróneo de mis planteamientos. Iba en dirección contraria, no debía acortar la distancia con la inteligencia sino aumentarla.

Con el mismo empeño y la misma determinación dediqué ahora mi tiempo a desandar todo el camino que me había llevado a ser considerado, efímera vanidad, uno de los mejores matemáticos del país. Sólo una inquebrantable fe, que atribuyo a la memoria de mi padre, evitó mi desfallecimiento y la renuncia a mis planes. Entonces ya vivía yo en un bosque, voluntariamente aislado de todo vestigio no sólo de civilización, sino de humanidad.

Y sentado aquí mismo tuve la última revelación. No había sido una afirmación sino una pregunta y sólo llegaría a la respuesta si mi distancia era a la vez cero e infinito; los primeros minutos no me avergüenza confesar que fuero de desasosiego hasta que di con la solución: me quedaría sentado aquí mismo, a la orilla del arroyo junto a esos helechos hasta que fuera uno de ellos. Inmóvil pude ir observando como crecían mis raíces buscando el agua, como las hojas hermanas iban cubriendo mi cuerpo, como los pájaros empezaban a posarse. Apenas puedo ya mover los ojos pero me siento uno con la tierra, el aire y el agua, cerca y lejos.

Cierro los ojos por última vez con la sensación del deber cumplido. Tengo la respuesta a la pregunta que mi padre me hizo: ¿Con inteligencia cabe distancia? Según.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin palabras, qué curioso ... yo me hubiera quedado en la segunda "opción" :aumentar la distancia con la inteligencia ....en fin vuelvo a leerlo... POR CIERTO FELIZ VIAJE!!!

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