CANÁ

El otro día hablaba de la selección de películas que había llevado a las clases de escritura.
Elegí como personaje a Brian y en la clase inventé una serie de recuerdos de su vida en distintas edades. El trabajo para casa consistía en utilizar alguno de esos recuerdos y escribir algo con una única condición: quien contara la historia debía ser un narrador testigo.
Esto es lo que se me ocurrió:


Tiberio Julio César Augusto, emperador de Roma quieran todos nuestros dioses preservar tu salud y tu vida para beneficio de la patria nuestra.
Desde que tu padre, el divino Augusto, me envío a estas apartadas tierras me he esforzado por construir una honorable carrera de comerciante que me permitiera serviros con total lealtad. Aunque con mi residencia en Nazaret, puedo moverme por todas las ciudades y pueblos de Galilea y Judea sin levantar sospechas.
Ya son treinta los años que llevo en estas tierras; mi actividad comercial y mi carácter me han permitido integrarme y mi relación es buena tanto con el prefecto Poncio Pilatos, que me considera un valioso consejero, como con las principales familias de Judea. Poco sospechan uno y otros que todos los meses envío, con uno de mis agentes comerciales, una carta al emperador que sólo puede entregarse en mano.
Lo más destacable de este mes que ahora acaba se produjo en una boda que reunió en Caná a lo más selecto del pueblo judío.
Para nuestros propósitos, era una buena ocasión para observar a este pueblo: curioso pueblo que sólo adora a un dios pero a cuyo culto dan múltiples interpretaciones , casi siempre irreconciliables entre si; samaritanos, fariseos, macabeos, saduceos, zelotes…
No olvido el interés de Livia, vuestra madre, por todo lo que pueda ocurrir en este año 758. Quería estar informada de todo lo asombroso acaecido en cualquier confín de nuestro imperio, segura de que algo extraordinario iba a pasar.
En las celebraciones pude observar a Brian de cerca; según algunos un activista zelote que busca por todos los medios expulsar hasta el último romano. En mi opinión es claramente contrario a nuestra ocupación pero dudo de que recurriera a la violencia. En todo caso los zelotes deben ser vigilados sin reservas.
También vi a Jesús, llamado el de Nazaret, un mesías para algunos y, por lo que dicen, para él mismo; no suele hablar de los romanos pero si ha tenido algún enfrentamiento con los fariseos.
En un momento en que se sentaron juntos pude acercarme a ellos y oir parte de su conversación que os trascribo por si os pudiera ser de interés; hay que tener en cuenta que, al parecer, nacieron cerca el uno del otro:
  • Brian: lo creas o no mi madre aún no me ha perdonado que los regalos fueran a parar a vuestra familia
  • Jesús: es gracioso lo que cuentas; no sabía nada de ello
  • Brian: ¿gracioso aguantar a mi madre? Perdió antes de disfrutar el único regalo que nunca le habían hecho
  • Jesús: lo material no siempre es lo más importante
  • Brian: díselo a los romanos o a esos fariseos.
  • Jesús: no me hables de los fariseos... Por cierto mañana daré un sermón, podías venir y oírlo
  • Brian: está bien pero se algo más duro con los romanos
  • Jesús: nada de romanos, hablaremos de Dios.
Al percatarse de mi presencia callaron y no puedo precisar que la última frase no fuera dicha con la intención de despistarme. Los regalos deben encerrar alguna clave que aún no he podido descifrar.
Por lo que pude recabar de otras fuentes, la mayoría de sacerdotes consideran a Jesús una especie de hereje blasfemo al que habría que parar los pies por lo que no parece que se produjeran incidentes si actuamos contra él.
No acabo de fiarme de las intenciones de los judíos hacia los romanos. Se respira un ambiente extraño, como el olor en el aire antes de estallar la tormenta; algo que además parece inevitable va a pasar. De eso no hay duda.
Estaré atento.
Por acabar con algo más mundano puedo deciros que fue muy comentado el error que tuvieron los anfitriones. Equivocaron el orden y sirvieron el vino malo primero y el bueno al final. Algunos comentarios atribuían a Jesús una participación en los hechos.
Se despide vuestro más seguro servidor Pomponio Flato. 


La imagen corresponde al cuadro de Paolo Veronese, Las bodas de Caná y lo he bajado de la wikipedia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta vez me has sorprendido... siendo un narrador testigo, nada más y nada menos que de las Bodas de Caná... Francamente curioso e ingenioso contar una historia de un espía de Julio Cesar en Judea.

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