2.- EL PASEO


A las seis de la mañana desactivo el despertador unos minutos antes de que llegue a sonar. Es uno de los hábitos de Pedro y como tal lo reconozco.
Sentado en la cama recibo los saludos de Bruma y Neri, y comienzo a vestirme sin necesidad de luz. Todo me resulta cercano y familiar.
Salgo a pasear con las perras. El aire fresco de la noche- aún no puedo llamarle día- me hace bien. Noto cómo va despejando esa resaca torpe que sigue a las migrañas. Y lo necesito, tengo que averiguar que ha pasado.
Ayer, con la excusa del dolor de cabeza, no fue difícil acostarme sin apenas hablar con mi familia y por extraño que parezca, el sueño me rindió de inmediato- imagino que ayudado por todas las pastillas que me había tomado-
Pero debo de afrontar los hechos: lo que pasó ayer no es normal. Razono como el médico que soy y la primera aproximación me sitúa al borde de algún desorden mental. No puedo admitir que Carlos haya comenzado una ducha que terminó Pedro. Como eso no puede ocurrir algo debió fallar en mi cabeza.
Pienso en la esquizofrenia, en trastornos de la personalidad, disociaciones… pero en todos hay síntomas que no cuadran: no tengo lagunas, no hay vacíos, recuerdo mi vida y la de Carlos y puedo distinguirlas; no tengo antecedentes ni personales ni familiares de enfermedad mental ( aunque recuerdo perfectamente que Carlos fue tratado durante tres años de algún trastorno psiquiátrico); mi razonamiento es lógico, mi lenguaje coherente y no tengo alucinaciones de ningún tipo.
Hoy tengo guardia y espero que por la tarde pueda tener algún tiempo libre que permita poner en orden mis ideas.
Lo primero, analizar mi caso como si de un paciente se tratara. Recuerdo como nos explicaban en la facultad la anamnesis, la entrevista con el paciente que siempre debía comenzar con las tres preguntas clave: ¿qué le pasa? ¿desde cuando le pasa? ¿a qué lo atribuye? Y allí, en mitad de la calle, sonrío imaginando la cara que pondría si alguno de mis pacientes respondiera lo que yo voy a responder: que ayer era otra persona, que me pasa desde que me duché y que salvo un mal funcionamiento de mi mente no se me ocurre ninguna explicación razonable.
También debo escribir lo que sé de Carlos con el mayor detalle posible. Tengo miedo de que con el tiempo los recuerdos vayan difuminándose en mi memoria.
Por último debo ver quien está de guardia de psiquiatría. Creo que las guardias son el único lugar en el que puedes decir eso de... quería comentarte de un paciente… sin que sospechen que te refieres a ti mismo.
Me queda por delante un intenso día así que mejor voy acabando el paseo y me tomo un buen desayuno.
Afortunadamente, a Pedro también le gusta desayunar fuerte y sin prisas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me sigue gustando mucho, y además estoy deseando leer una continuación ... Ese paseo de Pedro con Bruma y Neri... claro, Carlos es alérgico al pelo de los animales.En serio, hermanito, a continuar. Un besazo.

Mila Martínez dijo...

Eso le digo yo, que siga, que siga...

almu dijo...

Me gusta el relato, para cuando la continuación!

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