QUÉ DÍA


Mientras paseo entre los árboles intento hacer memoria.

Recuerdo vagamente haber comprobado los números del vagón y de mi asiento.

Lo siguiente, rechazar amablemente los auriculares que la azafata del tren me ofrecía. Generalmente la programación no es muy buena, así que seguí leyendo la prensa sin darme cuenta de que probablemente estaba cometiendo el primer error del día.

Me sentía preso de una inquietud que, por pura comodidad, atribuí al viaje en sí. Era absurdo, lo sé. Viajaba con la suficiente frecuencia como para poder hacer todo lo necesario (aparcar, comprar el periódico, buscar el asiento) de forma casi automática. Pero siempre hay un cierto temor a dormirse justo ese día, a pinchar una rueda, a perder el tren. Sólo era una justificación que me permitía no darle más vueltas a aquella desazón.

Esa rutina que me llevaba siempre a un asiento con ventanilla, no evitaba que mi atención al paisaje, que recorríamos a gran velocidad, fuera muy superficial. Mi segundo error del día. No es que hubiera podido cambiar nada, pero no me hubiera pillado tan de sorpresa.

Nada más bajar del tren entendí la intranquilidad que me había acompañado durante todo el día, en un vano intento de mi subconsciente por avisarme de que algo anómalo ocurría.

Estoy en Madrid y  estoy casi seguro que hoy me esperaban en la sucursal de mi empresa en Barcelona.

 Pero no puede ser casual. Yo puedo despistarme, vale, pero ¿qué lo haga el tren?, ¿toda la tecnología y el control de accesos? No. Es demasiado.

Todo esto debe tener una razón. Decido buscarla y comienzo por el jardín botánico de Madrid, junto a la estación de Atocha, un sitio tan bueno como cualquier otro.

No estoy preocupado. El paseo es muy agradable. Seguro que todo se acaba aclarando y, mientras le voy dando vueltas, rodeado de  todos los matices de  verde imaginables, una  nueva inquietud me asalta. No es grave, pero sí importante desde un punto de vista práctico: ¿dónde habré aparcado el coche esta mañana? ¿en la estación de Valencia? Y otro asunto no menos práctico: ¿adónde me llevará el billete de vuelta?

¡Qué día!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

te has pasaoooo!!! Menudo día te espera.... probablemente cogiste el billete equivocado cuando saludaste a tu hermana en la cafetería de la estación , pero en cuál... necesito recomendaciones de lecturas...nos vemos el martes en La Eliana.

Carmonal dijo...

Con tu relato aumenta mi temor a viajar equivocando mi destino. Pondré más atención de ahora en adelante.
Gracias por escribir.
Besos, Carlos.

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