1.- LA DUCHA


Es una de las sensaciones más agradables del día. El chorro de la ducha cae sobre mi cuerpo y noto como se va relajando.
El fuerte olor a menta de mi champú es agradable. Soy feliz mientras el agua, apenas templada, vivifica todos y cada uno de mis poros.
Mientras disfruto de todas esas sensaciones unos destellos luminosos atraviesan mis ojos. No es el jabón, no es nada externo; vienen de mis ojos y me asustan, ¿qué me pasa?
Y me sorprendo con la respuesta: “ oh no, son auras de una migraña; voy a tener un fuerte dolor de cabeza”.
Y aunque eso me debería tranquilizar, me inquieta mucho más. Suena a jerga médica pero yo no soy médico. Y vuelvo a asustarme. Asustado y con luces en los ojos.
Termino la ducha y al retirar la cortina para coger el albornoz tengo un nuevo sobresalto. El albornoz es mío, o al menos se le parece: es blanco y de mi talla. Pero todo el resto me sorprende. Apenas logro sentarme en un taburete sin atreverme a mirar el espejo.
Es una sensación rara. El baño es a la vez extraño y familiar. Mi marca de champú, el taburete al lado del lavabo, la ventana frente a la ducha, el radiador y la puerta a la izquierda... Todo como debería ser si no fuera porque no lo es. Las paredes, mejor dicho, los azulejos, son de otro color.
Noto como pierdo el control y empieza a dominarme el pánico. No puede ser, me digo. Hago acopio de todos los conocimientos que asimilé en los tres  años de psicoterapia.
Lo primero que he de controlar es la respiración. Abdominal. Inspirar por la nariz, notando como el aire entra y lleva el oxígeno a mis pulmones y la tranquilidad a mi cuerpo. Sentir el cuerpo, espirar luego el aire muy despacio por la boca. Una nueva idea atraviesa mi mente interrumpiendo la concentración: ¿hago esto por mis conocimientos médicos o por las técnicas aprendidas? ¡Pero si no soy médico!
Respira, respira, concéntrate, nota el aire, siente tu cuerpo... en lo que parecen unos interminables momentos parece que logro retomar el control: al menos el de mi cuerpo.
Ahora he de liberar mi mente. Unas nuevas respiraciones no me preparan todavía para enfrentarme al espejo. Intento pensar y racionalizar y decido empezar por lo más básico ¿quién soy yo?
Me llamo Pedro, tengo 45 años y soy médico. Hice la residencia en medicina interna en el Hospital Clínico de Valencia y es allí donde trabajo en la actualidad. Mi mujer también es médico y trabaja de pediatra en el centro de salud de un pueblo muy cercano a la ciudad. Ella se llama Luisa.
Sigo concentrado en la respiración, y los ejercicios aprendidos en aquellos años de tratamiento van relajando mi mente. El pensamiento se hace más fluido.
Sigo el repaso: tenemos dos hijos, dos perras y un gato y, sí, padezco fuertes dolores de cabeza con cierta frecuencia. Me tranquiliza saber quien soy y donde estoy pero queda por resolver un pequeño problema: tengo tan claro quién soy aquí sentado en este baño y con el albornoz absorbiendo mi humedad, como que la persona que entró en la ducha, hace apenas unos minutos no era la misma. Lo recuerdo con tal nitidez que no admite dudas a su veracidad. Cuando yo entré, me llamaba Carlos y me ganaba la vida como maquinista de trenes de alta velocidad, trabajo en el que, por cierto, era feliz. Mi mujer, Alicia, era profesora de inglés en el instituto del pueblo en el que vivíamos y al igual que ahora tenía dos hijos. No tenía animales por culpa de mi alergia a su pelo.
Los temblores recorren mi cuerpo y de nuevo debo recurrir a todas las destrezas aprendidas para evitar que el pánico me ahogue. Respirar, sentir, buscar el punto de paz interior...
En pocos minutos me siento con la energía suficiente para levantarme y encarar al espejo aunque me sujeto al lavabo por si las fuerzas me fallan. Levanto la vista y vuelvo a pensar en la respiración, en la calma. Soy yo y no soy yo. Soy Pedro, pero no Carlos.
Vuelvo a sentarme y en mi cabeza se va perfilando un plan, el único posible. Lo primero, tomarme una buena dosis de analgésicos e irme a la cama. Mi familia conoce mis dolores de cabeza y comprenderán mi aturdimiento y mis prisas por acostarme.
Lo segundo es todavía más necesario si cabe. Mañana actuaré con toda naturalidad. Pasearé a las perras, desayunaré y, antes de que el resto de la familia se despierte, me iré al hospital – me sorprendo pensando en un paciente cuya evolución me preocupa-. Y por último lo más importante: nunca le contaré a nadie lo sucedido. No en esta ocasión. No estoy dispuesto a pasar otra vez por el suplicio de tres años de terapia e incomprensión.

LOS BRINCOS, FLAMENCO

Los Brincos son un grupo español fundado en los años sesenta. Fueron conocidos como los Beatles españoles y todas sus primeras canciones llegaron a ser número uno.
De ellos saldrían Juan Pardo y Antonio Morales para formar el dúo Juan y Junior.
Flamenco, una de sus primeras canciones, es de 1965.
Os recomiendo, como no, seguir visitando las páginas amigas.
Feliz lunes y mejor semana a todos ( los que trabajéis y los que estéis de vacaciones)

SEMANA NEGRA DE GIJÓN

Un año más se cumplió el guión y el tren negro salió de Madrid ayer, a las ocho de la mañana, con destino a Gijón o, mejor dicho a su semana negra - y un año más no podré estar allí-
Este año se celebra la edición número 24 y el programa es impresionante ( tertulias, presentaciones, conferencias...).
A Quemarropa es el diario oficial de la semana y se publica diariamente durante la celebración de la semana, es decir, del 22 al 31 de julio.
Coincidiendo con la semana, se celebra el 15 encuentro internacional de fotoperiodismo ciudad de Gijón.
Habrá que estar atentos a todo lo que por allí pase.

EL PUENTE, LOS MISMOS

Es sólo un fragmento pero creo que vale la pena. El que quiera oír la versión entera pero sin imágenes puede hacerlo aquí.
Los Mismos, fue un grupo musical español, muy activo en las décadas sesenta y setenta del siglo pasado ( ¡cómo suena esto!) y El puente fue uno de sus grandes éxitos ( en 1968).
Como siempre os recomiendo el acceso a las webs amigas.
Feliz lunes y mejor semana a todos, estéis de vacaciones o trabajando.

EL RUIDO DE LAS COSAS AL CAER, DE JUAN GABRIEL VÁSQUEZ

"Este hombre no ha sido siempre este hombre", pensé, "Este hombre era otro hombre antes."
Supe que quería leer este libro desde la primera vez que lo vi en las estanterías del Bibliocafé. A veces me pasa y he de reconocer que no siempre acierto pero el título me resultó irresistible: El ruido de las cosas al caer.
Luego me enteré por los periódicos (o quizás por la radio) que era premio Alfaguara de novela 2011 y lo que leí ( o quizás oí) aumentó las ganas de leerlo.
Pues bien el momento ha llegado. La edición es, parece lógico, de Alfaguara y tiene un precio de 18 euros.
El jurado otorgó el premio por unanimidad eligiendo esta novela entre las seis finalistas que a su vez fueron seleccionadas entre la seiscientas ocho presentadas y destacaba "... las cualidades estilísticas de esta novela cuya prosa recrea una atmósfera original y atractiva, un espacio propio habitado por personajes que acompañaran mucho tiempo al lector."

LAS LEGIONES MALDITAS, DE SANTIAGO POSTEGUILLO (II)

En este segundo volumen sobre la historia de Publio Cornelio Escipión, hemos podido acompañar al Africanus por distintos escenarios geográficos: Hispania, Roma, Sicilia, África.
Podemos asistir a las intrigas en el senado de Roma con sus rivales Catón y Fabio; a la conquista definitiva de Hispania donde Publio muestra sus dotes militares, políticas y también crueles a la hora de tratar rebeliones y motines ( crueles pero habituales incluso en años posteriores) ; a su papel como cónsul; a la rehabilitación de las legiones malditas ( la V y VI que habían sido derrotadas en Cannae); a su estrategia en el norte de África y por último a la batalla de Zama donde por vez primera Aníbal era derrotado a campo abierto.
La descripción de esta batalla,que ocupa más de cien páginas, nos permite asistir en primera línea a las habituales estrategias de las legiones romanas y de los ejércitos cartagineses ( que empleaban elefantes).
Como en el anterior libro, puedes sentir el miedo previo a la batalla, pero también la vida en Roma, las intrigas, la vida de los escritores, las amistades, el amor, las tradiciones romanas...
Libro pues absolutamente recomendable, sobre todo para los amantes de la novela histórica, de lectura ágil y trama mantenida.

PESADILLA

Abrí los ojos con la angustiosa sensación de falta de aire y me tranquilizó ver la lámpara de mi dormitorio.
Un instante después volví a cerrar los ojos  y estaba paseando por las calles de Madrid, en una mañana de invierno, en la que el sol iluminaba con claridad pero sin aportar ese calor al que tan acostumbrados estamos en Valencia.
Caminaba por las callejuelas cercanas a Sol y recordaba haber subido la cuesta de Atocha. Imaginé que salía de alguna reunión del ministerio y daba un paseo mientras se acercaba la hora de mi tren. Todo habitual, las calles, las tiendas, las tabernas.
De repente me detuve en una pequeña tienda de corbatas, y un extraño impulso me llevó a entrar. Qué raro, ¿qué hacía yo, que jamás había llevado corbata, entrando en esa tienda? El sueño había dejado de ser habitual.
La tienda era toda de madera y pequeños estantes contenían un sinfín de corbatas de todos los colores, formas y geometrías.
Una chica joven estaba sentada detrás de un pequeño mostrador atenta a la pantalla de su portátil. Cuando levantó la vista debió de notar mi confusión. Se acercó a mí con una sonrisa amable ofreciéndome su ayuda.
Me vi en la obligación de sincerarme
  – hola, muchas gracias; verás he de confesar que jamás he llevado una corbata y que lo último que esperaba hacer hoy era entrar en tu tienda, pero no sé, aquí estoy plantado sin saber muy bien que hacer.
Su sonrisa era ahora franca. Imaginé que me consideraría una especie de inútil, intentando entablar una conversación, por eso mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que en su tienda eso pasaba con cierta frecuencia.
De verdad, no te imaginas las veces que he oído eso mismo; será la tienda, el barrio, la magia de estas maravillosas corbatas, no lo sé, quizás sea yo- a estas alturas su  sonrisa era ya irresistible.
Me quitas un peso de encima. No sé, explícame algo de corbatas. Te prometo que me llevaré una si tú me enseñas a hacer el nudo. No es broma. Nunca he llevado corbata
Y ahí estábamos los dos sonriendo mientras veíamos corbatas. Al final escogí, quién sabe por qué, una roja. Era una buena maestra, pues sólo necesitó unos  minutos para adiestrarme en su uso.
La envolvió en un precioso paquete que metí en mi mochila sin tener claro si iniciaba una nueva etapa en mi vida o me había dejado embaucar por una sonrisa. Me despedí con el compromiso de volver para contarle mis nuevas experiencias.
Debía apresurarme, pues la inesperada compra me había retrasado y no podía perder el tren. Comienzo a acelerar el paso y al poco tiempo vuelvo a notar esa falta de aire.
Abro los ojos y  mi boca al máximo para que mis pulmones reciban el preciado aire. ¿Estaba soñando? No. Esta mañana había estado en Madrid, recordaba tanto haber comprado la corbata como la perplejidad que me produjo.
Distingo claramente la lámpara y el techo de mi habitación pero sigue la falta de aire, me estoy ahogando. Llevo mis manos al cuello en un intento desesperado de llevar más aire a mis pulmones.
Pero algo lo atenaza, lo aprieta. Reconozco inmediatamente el tacto de mi nueva corbata.
El pánico se apodera de mí. A duras penas logro mantener el mínimo espacio para un hilo de aire  mientras ella no ceja en su empeño, estrechando más y más el cerco.
Está claro que yo tenía razón. No estoy hecho para las corbatas. Creo que ella lo ha notado, sabe que no hay futuro a mi lado. No debería culparla, está actuando en legítima defensa.
 De improviso, en mi último intento por tomar aire, noto que este penetra hasta el último rincón de mis pulmones. Me toco el cuello y nada lo aprisiona. Voy al baño a beber un poco de agua. Además de la garganta seca quiero comprobar que estoy realmente despierto y que no sigo dentro de un sueño, en el que sueño que sueño...
Con la mente y el cuerpo despejados tomo dos decisiones. Regalaré la corbata en la primera ocasión y no volveré a pedir chile para cenar.

LA MOTO, LOS BRAVOS

Los bravos  fueron uno de los pocos grupos españoles de rock de los años 60 que triunfaron fuera de nuestro país, gracias a su canción Black is black ( que en 1966 alcanzaría el segundo puesto en las listas de venta inglesas y el cuarto en las estadounidenses).
La recomendación de seguir a los blogs amigos se mantiene.
Feliz lunes y mejor semana a todos.

DESECHABLE, CIUDAD JUÁREZ Y LA GUERRA A LAS MUJERES

Hat Gallery, en el barrio de Ruzafa de Valencia ( calle Denia, 37), reúne la exposición Disposable, Ciudad Juárez y la guerra a las mujeres.
Disposable, desechable en inglés, es una muestra que nació el pasado año en la Universidad de Nueva York con la colaboración de 14 artistas de distintas nacionalidades, que aportaban su visión sobre el feminicidio que se lleva a cabo en la que probablemente sea, hoy en día, la ciudad más peligrosa del mundo.
La muestra está patrocinada por The Gallatin Galeries y se enmarca dentro de la gira teatral "De Fuenteovejuna a Ciudad Juárez" montaje teatral concebido por The Cross Border Project compañía de teatro que fundó en NuevaYork Lucía Rodriguez Miranda.
La exposición pretende hacer visible una realidad que muchas veces pretendemos ignorar.
Me viene a la memoria el texto que escribió Raquel en una de las jornadas de prevención contra la violencia machista.
Creo que la visita es obligada.

EVA MARÍA, FÓRMULA V

Por Aquí seguimos, con las canciones "veraniegas" de hace unas décadas.
Fórmula V ( Quinta) es un grupo de pop forjado en Madrid en 1967, que alcanzó su primer éxito en 1968 con la canción Tengo tu amor.
Eva María es de 1973, dos años antes de su disolución como grupo, aunque desde 1995 han realizado actuaciones esporádicas.
La Conspiración de lectores nos va contando las jornadas de Novadors y el empleo de las TIC en la enseñanza.
Como siempre os recomiendo el seguimiento de los blogs amigos.
Feliz lunes y mejor semana a todos.

QUÉ DÍA


Mientras paseo entre los árboles intento hacer memoria.

Recuerdo vagamente haber comprobado los números del vagón y de mi asiento.

Lo siguiente, rechazar amablemente los auriculares que la azafata del tren me ofrecía. Generalmente la programación no es muy buena, así que seguí leyendo la prensa sin darme cuenta de que probablemente estaba cometiendo el primer error del día.

Me sentía preso de una inquietud que, por pura comodidad, atribuí al viaje en sí. Era absurdo, lo sé. Viajaba con la suficiente frecuencia como para poder hacer todo lo necesario (aparcar, comprar el periódico, buscar el asiento) de forma casi automática. Pero siempre hay un cierto temor a dormirse justo ese día, a pinchar una rueda, a perder el tren. Sólo era una justificación que me permitía no darle más vueltas a aquella desazón.

Esa rutina que me llevaba siempre a un asiento con ventanilla, no evitaba que mi atención al paisaje, que recorríamos a gran velocidad, fuera muy superficial. Mi segundo error del día. No es que hubiera podido cambiar nada, pero no me hubiera pillado tan de sorpresa.

Nada más bajar del tren entendí la intranquilidad que me había acompañado durante todo el día, en un vano intento de mi subconsciente por avisarme de que algo anómalo ocurría.

Estoy en Madrid y  estoy casi seguro que hoy me esperaban en la sucursal de mi empresa en Barcelona.

 Pero no puede ser casual. Yo puedo despistarme, vale, pero ¿qué lo haga el tren?, ¿toda la tecnología y el control de accesos? No. Es demasiado.

Todo esto debe tener una razón. Decido buscarla y comienzo por el jardín botánico de Madrid, junto a la estación de Atocha, un sitio tan bueno como cualquier otro.

No estoy preocupado. El paseo es muy agradable. Seguro que todo se acaba aclarando y, mientras le voy dando vueltas, rodeado de  todos los matices de  verde imaginables, una  nueva inquietud me asalta. No es grave, pero sí importante desde un punto de vista práctico: ¿dónde habré aparcado el coche esta mañana? ¿en la estación de Valencia? Y otro asunto no menos práctico: ¿adónde me llevará el billete de vuelta?

¡Qué día!.

MAÑANA

Queridos padres: Solo espero que mis invocaciones a nuestros Ancestros (Sean por siempre escuchados) h...