BÚSQUEDA


Hacía ya tiempo que me había impuesto esa rutina. Cuando viajaba por trabajo a Madrid - si el motivo era personal siempre iba en coche- llegaba un poco antes al punto de partida ya fuera el aeropuerto o la estación de trenes.
Pensaba que era la forma lógica de encontrarla. Tiene familia en Madrid y Valencia así que debe visitar ambas ciudades. Si viajo con la suficiente frecuencia y presto atención sólo es cuestión de tiempo encontrarla.
Y no hay otra forma. Aún mantengo la rutina de buscarla de tanto en tanto por internet. Pero no está, y no me extraña.
Y voy antes al aeropuerto o a la estación del tren. Y paseo por sus zonas. Y me fijo en la gente. Los que pasan por la estación, los que leen en el banco, los que se apresuran en los andenes, los que cogen mi mismo vuelo o suben a mi mismo tren.
La recuerdo bien: rubia, ojos azules. La reconocería sólo con oír su voz.
Y cuando estoy en Madrid sigo observando. Vive en Barcelona, o vivía pero da igual. Tendrá que venir por Madrid y al fin y al cabo siempre me muevo por calles principales: Atocha, Prado, San Jerónimo…
Pero son ya muchos años, ni siquiera sé cuántos. No es posible que no vuelva a verla. No hubo despedida. No hubo adiós.
Suena el teléfono. En la pantalla un número de móvil que no conozco. En mi mente una voz que relaciono con ella. Un aviso de que puedo dejar de buscar. Una constancia de que donde no llega el destino, llegan las palabras.
Voy a verla. Años de vivencias que no hemos podido compartir que no me preocupan. Su ausencia, que era tan real, se acaba de romper. La veré y seguiremos donde lo dejamos. Como si nada hubiera pasado. Sólo una cosa cambiará. En mi próximo viaje podré leer tranquilamente en la estación, ¿o tendré demasiado adquirido el hábito de buscar personas? Quién sabe, quizás me quede más gente por encontrar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de descubrir Poderes de Marcos . Qué bien,la creatividad debe ser cosa de familia, de la familia López Zunzunegui. Enhorabuena a los dos.

Mora Fandos dijo...

Es un buen relato, Carlos. El final está bien conseguido, te quedas con esa sensación nostálgica de que hay personas que viven en un anhelo, sin poder realizarlo, hasta adquirir alguna rareza psicológica. Las frases concisas le van muy bien a este género de relato breve. Te pongo un mail luego con algún detalle. Saludos. JM

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