sábado, 11 de febrero de 2012

VELETA


Mi vida nunca fue convencional.
Puedo recordar con todo detalle el día de mi nacimiento y lo que allí aconteció. Sorpresa no es la palabra exacta - ¿qué podía esperar si nada sabía? – pero puedo asegurar que cierta conmoción si produjo mi alumbramiento.
La cara de mi padre oscilaba entre la extrañeza y la consternación aunque reconozco que el personal sanitario, quizás más acostumbrado a lo imprevisto, mantuvo un aceptable nivel de compostura.
Sólo a mi madre, afianzada por los ancestrales lazos de la maternidad, no parecía incomodarle que su hija fuera una veleta:
- “Es tan bonita, ¿has visto que finita es?” – repetía a todos los familiares y curiosos atraídos por lo insólito de mi naturaleza.
Lo peor fue en el colegio; la pedagogía nunca fue el fuerte de las monjas. Se empeñaban en atarme y achacaban mi constante movimiento a una combinación de falta de interés por sus enseñanzas y un afán de notoriedad desmedido. Lo primero era cierto, a que negarlo, pero lo segundo… si algo sobraba en mi vida era la mirada de ojos embobados interrogándose sobre lo que veían.
Mi carácter afable y una imposibilidad física para discutir o llevar la contraria me granjearon una infancia sin problemas y una adolescencia solitaria. Ningún grupo me quería, todos me consideraban traidora por mis constantes cambios de sentido. Que el aire soplaba gótico, yo era una tétrica veleta; que soplaba hippie, yo con mariposas y florecillas.
Ninguna tribu estaba dispuesta a tolerarlo y yo no podía ofrecer una fidelidad a prueba de cambios de corriente.
Meditaba un día, ayudada por una suave brisa marina, sobre la hipocresía del género humano -¿cuántos más veletas que yo se encuentran por ahí que dicen hoy blanco y mañana no sólo negro sino yo nunca dije blanco?- y mi futuro en soledad cuando mi móvil vibró al recibir un mensaje:
“Hola, no me conoces pero me han hablado mucho de ti. Soy un catavientos y me gustaría conocerte ¿podemos vernos?”
“Un SMS con todas las letras, esta relación promete” me dije.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy original y me ha encantado "...Que el aire soplaba gótico, yo era una tétrica veleta, que soplaba hippie, yo con mariposas y florecillas." De nuevo me ha sorprendido tu imaginación para crear historias ... Recuerda que hay que ir pensando en una recopilación... FELIZ SEMANA.