El otro día hablaba de la selección de películas que había llevado a las clases de escritura.
Elegí como personaje a Brian y en la clase inventé una serie de recuerdos de su vida en distintas edades. El trabajo para casa consistía en utilizar alguno de esos recuerdos y escribir algo con una única condición: quien contara la historia debía ser un narrador testigo.
Esto es lo que se me ocurrió:
Tiberio Julio César Augusto, emperador
de Roma quieran todos nuestros dioses preservar tu salud y tu vida
para beneficio de la patria nuestra.
La imagen corresponde al cuadro de Paolo Veronese, Las bodas de Caná y lo he bajado de la wikipedia.
Elegí como personaje a Brian y en la clase inventé una serie de recuerdos de su vida en distintas edades. El trabajo para casa consistía en utilizar alguno de esos recuerdos y escribir algo con una única condición: quien contara la historia debía ser un narrador testigo.
Esto es lo que se me ocurrió:
Tiberio Julio César Augusto, emperador
de Roma quieran todos nuestros dioses preservar tu salud y tu vida
para beneficio de la patria nuestra.
Desde que tu padre, el divino Augusto,
me envío a estas apartadas tierras me he esforzado por construir una
honorable carrera de comerciante que me permitiera serviros con total
lealtad. Aunque con mi residencia en Nazaret, puedo moverme por todas
las ciudades y pueblos de Galilea y Judea sin levantar sospechas.
Ya son treinta los
años que llevo en estas tierras; mi actividad comercial y mi
carácter me han permitido integrarme y mi relación es buena tanto
con el prefecto Poncio Pilatos, que me considera un valioso
consejero, como con las principales familias de Judea. Poco sospechan
uno y otros que todos los meses envío, con uno de mis agentes
comerciales, una carta al emperador que sólo puede entregarse en
mano.
Lo más destacable
de este mes que ahora acaba se produjo en una boda que reunió en
Caná a lo más selecto del pueblo judío.
Para nuestros
propósitos, era una buena ocasión para observar a este pueblo:
curioso pueblo que sólo adora a un dios pero a cuyo culto dan
múltiples interpretaciones , casi siempre irreconciliables entre si;
samaritanos, fariseos, macabeos, saduceos, zelotes…
No olvido el interés de Livia,
vuestra madre, por todo lo que pueda ocurrir en este año 758. Quería
estar informada de todo lo asombroso acaecido en cualquier confín de
nuestro imperio, segura de que algo extraordinario iba a pasar.
En las celebraciones pude observar a
Brian de cerca; según algunos un activista zelote que busca por
todos los medios expulsar hasta el último romano. En mi opinión es
claramente contrario a nuestra ocupación pero dudo de que recurriera
a la violencia. En todo caso los zelotes deben ser vigilados sin
reservas.
También vi a Jesús, llamado el de
Nazaret, un mesías para algunos y, por lo que dicen, para él
mismo; no suele hablar de los romanos pero si ha tenido algún
enfrentamiento con los fariseos.
En un momento en que se sentaron
juntos pude acercarme a ellos y oir parte de su conversación que os
trascribo por si os pudiera ser de interés; hay que tener en cuenta
que, al parecer, nacieron cerca el uno del otro:
- Brian: lo creas o no mi madre aún no me ha perdonado que los regalos fueran a parar a vuestra familia
- Jesús: es gracioso lo que cuentas; no sabía nada de ello
- Brian: ¿gracioso aguantar a mi madre? Perdió antes de disfrutar el único regalo que nunca le habían hecho
- Jesús: lo material no siempre es lo más importante
- Brian: díselo a los romanos o a esos fariseos.
- Jesús: no me hables de los fariseos... Por cierto mañana daré un sermón, podías venir y oírlo
- Brian: está bien pero se algo más duro con los romanos
- Jesús: nada de romanos, hablaremos de Dios.
Al percatarse de mi presencia callaron
y no puedo precisar que la última frase no fuera dicha con la
intención de despistarme. Los regalos deben encerrar alguna clave
que aún no he podido descifrar.
Por lo que pude
recabar de otras fuentes, la mayoría de sacerdotes consideran a
Jesús una especie de hereje blasfemo al que habría que parar los
pies por lo que no parece que se produjeran incidentes si actuamos
contra él.
No acabo de fiarme
de las intenciones de los judíos hacia los romanos. Se respira un
ambiente extraño, como el olor en el aire antes de estallar la
tormenta; algo que además parece inevitable va a pasar. De eso no
hay duda.
Estaré atento.
Por acabar con
algo más mundano puedo deciros que fue muy comentado el error que
tuvieron los anfitriones. Equivocaron el orden y sirvieron el vino
malo primero y el bueno al final. Algunos comentarios atribuían a
Jesús una participación en los hechos.
Se despide
vuestro más seguro servidor Pomponio Flato. La imagen corresponde al cuadro de Paolo Veronese, Las bodas de Caná y lo he bajado de la wikipedia.
1 comentarios:
Esta vez me has sorprendido... siendo un narrador testigo, nada más y nada menos que de las Bodas de Caná... Francamente curioso e ingenioso contar una historia de un espía de Julio Cesar en Judea.
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